(ESCUCHAR: Nothing else matters-Metallica)
*Narra Melissa*
Después de darme la ducha decidí ir a ver a Lía, que llevaba unos días muy rara, sobre todo en lo referente a Zayn.
Estaba a punto de llamar a la puerta cuando salía él, un poco colorado y respirando agitadamente.
-¿Zayn? ¿Estás bien? ¿Qué haces saliendo de la habitación de Lía?
-Em... Si, perfectamente. Digo... ¡No! Fatal...
-Aclárate, ¿bien o fatal?
-Em... Esto... Yo... ¿Qué tarde es no? Será mejor que vuelva a mi habitación.-dijo saliendo de allí por patas, sacándome varias risas.
En eso abrió Lía, con su pijama de calaveras y también bastante acalorada.
-¿Meli? ¿Pasó algo?
-Que va, sólo me apetecía verte. ¿Qué tal la tarde de niñera?
Me miró fijamente, pasando del rojo al blanco en segundos. En cuanto se recompuso respondió.
-Bi..bien... ¿Por? ¿Te dijo algo Zayn?
-No, sólo que no se encontraba muy bien y volvía a su habitación. ¿Os pasó algo?
-¿Qué...? Nah, otra de nuestras discusiones tonta...-susurró nerviosa.-Ahóra cuéntame tu. ¿Qué tal por París?
Se le notaba a la legua que quería cambiar de tema, así que la deje respirar por el momento. Ya me enteraría que tramaban esos dos.
*Narra Carlota*
-¡¿Qué quieres?!
-¡Un...! ¡Enorme!-exclamó señalando un punto detrás de mi.
Giré en redondo asustada por su grito, pero no había nada. Iba a girarme para pegarle una patada en el culo cuando algo blandito impactó en mi espalda.
Solté un gritito sorprendida mientras Harry corría para entrar en su habitación. Me había lanzado su bufanda.
Le seguí furibunda, el muy inteligente había dejado la puerta de la suite abierta.
La recorrí hasta llegar al dormitorio, donde unas manos cayeron sobre mi, tirándome boca abajo en la cama. Sobra decir que empecé a patalear como una desquiciada.
-¡Harry Edward Styles! ¡Te odio!-grité intentando liberarme, pero me tenía bien cogida.
-Estate quieta.-rió dándome la vuelta mientras se acostaba sobre mí, con los brazos a ambos lados de mi cabeza para no cargarme con todo su peso.
-¡No quiero! ¡Me pesas!
Rió jugando con varios mechones de mi pelo, dándoles vueltas y oliéndolos, para finalmente dejarse caer casi completamente sobre mi cuerpo. Harry conseguía calmarme siempre que quería.
-Ahora si que te peso.
-Bastante.-susurré ya más tranquila.
Siguió acariciándome un rato más. Su peso ya me daba igual, lo único que me importaba era que no dejase de acariciarme ni de darme mimos. Al cabo de un rato se dejó completamente, con la nariz en un lado de mi cuello, haciéndome casquillas al respirar.
-¿Te molesta que esté así?
Negué lentamente. Me veía incapaz de responder con claridad en ese momento.
-Mejor. Me gusta estar así.-susurró hundiendo la nariz más en mi. Le rodeé con los brazos, deseando que nadie nos interrumpiese y ese momento durase para siempre.
-A mi también...
-¿Vas a contarme qué te pasaba antes?
Levantó la vista lentamente, haciendo que cayese de lleno en su adorable mirada verdosa y fuese incapaz de mentirle.
-Ya he estado en París antes, con...
-Elliot.-completó el volviendo a mi cuello.-Tu ex-novio...
-Correcto.
-Recordaste un montón de cosas, sobre todo en el "andamio". ¿No?
-Si... Y... Me sentí un poco mal... Pero estabais Lou y tu para animarme.-dije forzando una sonrisa.-Al final me lo pasé bien...
-Me alegro de que lo hicieses.
Después de un rato en silencio se levantó, lo cual me sacó varias muecas de disgusto que no pasaron inadvertidas.
-Es tarde. Mañana tenemos mucho trabajo.-sonrió.-Vete a por el pijama.
-¿El pijama?-pregunté confundida.
-Sí. Hoy duermes conmigo.
Estaba saliendo de la habitación cuando su mano sujetó la mía, atrayéndome hacia el.
-No más hagas ir a buscarte.-musitó contra mi oído.
Sonreí y supe que, por una vez, iba a hacerle caso.
*Narra Rose*
Cuando los demás se fueron Liam y yo seguimos de paseo, besándonos cada poco entre risas. Compramos un montón de recuerdos. Llegamos a unos pequeños puestos ambulantes al lado del Sena, allí Liam me compró una pequeñas cajita de plata antigua, con una forma muy peculiar. Dentro tenía dibujos en miniatura de París.
-¿Te gusta?
-Me encanta... Es tan bonita...
-Pues es tuya.-rió pagando.
-Muchas gracias... ¡Mira ese puente! ¡Está lleno de candados!
-En este puente se dejan candados las parejas que buscan un amor eterno. Por sólo 10€ os vendo uno.-dijo una agradable señora, que nos sonreía adorablemente.
Miré a Liam, pero por una vez me adelanté yo.
-Rose, no tienes que pagar tu...
-Liam, nos pagáis una cantidad indecente de dinero, así que no discutas.
Cerramos el candado y miré la llave.
-Ahora tenéis que lanzarla al río.-sonrió antes de acercarse a hablar con otra pareja.
Miré a Liam, pero el lugar de tirarla abrí la cadena de mi collar.
-¿Qué haces? La señora nos dijo que la tiráramos al río.
-Puede ser, pero prefiero llevar el "símbolo de nuestro amor" más cerca de mi corazón.
Me miró extrañado, pero acabó sonriendo cálidamente.
-Eres increíblemente especial.
-No sonrías que me enamoro.
Ambos reímos felices, cogidos de la mano, camino al hotel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario