(ESCUCHAR: Right place, right time- Olly Murs)
*Narra Melissa*
¡No! ¡Desastre! ¡¿Cómo había podido encontrar la casa?! Mamá le abrió toda feliz y empezó a charlar con el.
-¿Cómo se llamaba?-me preguntó mi padre en el salón.
-Louis papá.
-¿Es tu novio o son los pajaritos que tu madre tiene en la cabeza?
-Son sus pajaritos.
-¿Puedo enseñarle la escopeta para cazar elefantes?
-¡Papá!-exclamé enfadada.
Lo hizo pasar al salón y sentase a mi lado. Le dediqué una sonrisa agria, que respondió con otra más o menos igual.
-Qué suerte que finalmente pudieras venir.
-Melissa nos dijo que estabas en la firma.
-Justo acabó cuando se fue ella. Una suerte ¿verdad Meli?-sonrió apretándome la pierna.
Forcé otra sonrisa apretando su mano.
-Una suerte. ¿Has probado la tarta de pasas de mi madre?
-Cierto. Es deliciosa. Os traeré un trozo.
Tanto mi padre como yo la odiamos por lo gruesa y espesa que es.
Al final iba a pasármelo bien con Lou.
-Tomaré un trozo.
-Te arrepentirás de eso chaval.
-¡Gus! ¡A vosotros os en encanta!
-Claro mamá.
*Narra Louis*
-Pues encantados de conocerte. ¿Te ha gustado la tarta?
Me dolía el estómago. Esa tarta era una bomba de relojería contra la flora intestinal. Sonreí arrastrando a Melissa hacia la puerta.
-Estaba muy rica.
-Melissa sabe la receta. Te la hará cuando queras. ¿verdad cariño?
-Claro mamá.-suspiró.
Se la notaba un poco desesperada, sobre todo después de los tres álbumes de fotos que si madre me enseñó, desde que era pequeña hasta el día que se mudó a Inglaterra para trabajar en la escuela de baile.
-Déjalos irse Anna, mira que carita de sueño.
-Está bien.-sonrió achuchándonos a ambos, dejándonos las mejillas rojas.-Cuándo puedas vuelve.
No me quedó muy claro quien se lo dijo, pero Meli me cogió de la mano y me arrastró hasta el portal.
-Meli...
-Ya hablaremos tu y yo.
-Pero...
-¡He dicho...!
La callé con un beso. Deseaba hacerlo desde que bailáramos en París, pero nunca encontraba el momento oportuno.
Al principio intentó apartarme dándome golpes en el pecho, pero la tenía bien sujeta. Apreté con más fuerza la mano que tenía en la base de su espalda, profundizando el beso hasta dejarnos a ambos sin aire.
Cuando la solté tenía los labios rojos y la respiración entrecortada.
-Vaya...
-Vaya ¿qué? No ha sido más que un beso.-gruñó limpiándose los labios con la manga. Estaba adorable sonrojada. Levanté su mentón y le di otro lento beso, apretándola contra mi cuerpo e introduciendo levemente mi lengua, haciendo que ambas se rozasen.
Se separó completamente roja, tocando levemente su labio inferior.
-Será mejor que nos vayamos... El concierto empezará en unas horas...
-Sí, pero...
-Vamos.-musitó tirando de la manga de mi abrigo como una niña pequeña.
-Espera.
Se giró, mordiéndose el labio inferior adorablemente mientras se frotaba un ojo. La quería, la amaba. Ahora lo sabía.
-¿Qué pasa?
-Nada.-sonreí.-Volvamos al hotel.
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